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Una visita a la Cueva de las Brujas de Zugarramurdi

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  Érase una vez un inquisidor de naturaleza escéptica que desconfiaba de la creencia en la brujería y que fue enviado por el Consejo de la Suprema Inquisición a instancias del obispo de Pamplona, tan receloso del tema como él, a investigar un extraño caso que estaba ocurriendo en varias comarcas del norte de Navarra. Un comisario y dos inquisidores pertenecientes al Tribunal de Logroño habían abierto un proceso varias personas, acusadas de brujas por una vecina que aseguraba haber participado en aquelarres. Otras que acudieron a la ciudad para testificar a su favor acabaron asimismo tras las rejas y, al cabo de varios meses, el número de inculpadas (e inculpados, que, frente a lo que suele pensarse, los archivos demuestran que también hubo muchos procesos por brujería masculina en la época) sumaba tres centenares. Cuando empecé a preparar mi viaje a Navarra tenía claro que ante todo y por encima de todo -y al final hubo bastante- tenía que acercarme hasta Zugarramurdi, a ver la fam...

La capilla mudéjar de la iglesia cordobesa de San Bartolomé

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  Ya es un axioma personal que cualquier viaje que haga a Andalucía coincida con una meteorología adversa o peor, pésima y hasta demoníaca, más digna de esa siniestra Transilvania draculiana que tenemos arraigada en nuestra mente por culpa de las películas de Hollywood que de la imagen tópica y tópica de esa región que Góngora llamaba "flor de España" y Pemán "señora de tanta hidalguía". Tuve un frío casi nival en Granada y Sevilla , de igual modo que me tocó cargar conr paraguas en Málaga y Córdoba en dura pugna con el viento que intentaba desarbolarlo. Por supuesto, se me puede achacar que mis visitas suelen ser en invierno para regatear al implacable calor estival, que podría inlcuso ser peor, pero parece que no haya forma de encontrar un término medio.  Eso sí, dicen que cuando una puerta se cierra otra se abre y, a veces, la lluvia se encarga de esa segunda labor, descubriéndote lugares que, de otro modo, quizá pasarían inadvertidos. Es lo que me pasó con la ca...

La extraña playa de Cofete (II): cementerio, submarinos y una falsa mansión nazi...

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    La primera impresión que tuve de la playa de Barlovento, en Cofete, de la que ya hablé en el artículo anterior , fue un recuerdo cinematográfico: el de la costa de la isla Skull, a la que arribaba la tripulación del barco petrolero en la película King Kong (la de Jerssica Lange de 1976, que fue en la que descubrí la historia del gorila gigante). Puede ser una rememoración distorsionada, claro, y habría que revisar el film para ver si realmente son paisajes parecidos o me traicionan los años; pero, bueno, fue la imagen que me vino cuando contemplé aquel inmenso arenal canario que se perdía de vista -más de una docena de kilómetros desde el islote de las Siete Viudas al roque del Morro-, envuelto en una niebla arcana y batido por un pertinaz fuerte viento; sí, Fuerteventura es un nombre atinado. La playa de Cofete entre la bruma matinal. A lo lejos se vislumbra la Villa Winter   Pero, aunque estaría bien, allí no hay tribus salvajes ni ningún primate gigante; de hecho,...

La extraña playa de Cofete (I): viento y arena

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Es curioso que para caminar por una de las playas más raras que he visto en mi vida no haya necesitado viajar a países lejanos ni navegar por mares exóticos ni penar horas interminables encajonado en el asiento de un avión. Me bastó ir a un rincón de España -extremo para un asturiano, eso sí- haciendo poco más de millar y medio de kilómetros, que en tiempo de aviación son dos horas y media. Ahí al lado, como quien dice. En concreto, a la isla canaria de Fuerteventura, en cuyo extremo meridional se ubica el sitio al que me refiero: la playa de Cofete. El simple hecho de acceder a ella tiene miga. Al estar en la península de Jandía, una antigua isla volcánica resultante del colapso de una caldera hoy sumergida, que ahora se extiende unos doscientos kilómetros cuadrados y se une al resto de Fuerteventura mediante un istmo arenoso denominado La Pared, se hace necesario atravesar la sierra que la vertebra. En ésta se alza el pico de la Zarza, techo insular con sus ochocientos siete metros ...

Vacaciones en Albufeira con Nero Wolfe, Lew Archer y Pepe Carvalho

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    Hace ya tiempo que cada verano acudo fielmente a una cita con unos amigos. Puede ser en Baleares, Canarias o cualquier otro destino que haya elegido para las vacaciones, siempre que no me obligue a estar viajando de un lugar a otro día tras día y me deje tiempo sosegado para dedicarles. Este 2024 quedé con ellos en Albufeira, en el Algarve. No era la primera vez que iba a Portugal ni mucho menos, pues lo había visitado en otras cuatro ocasiones, pero nunca había estado en el sur porque antes no tenía un hijo de ocho años que considera incomprensible que los adultos estemos interesados en ver aburridos museos e iglesias. Albufeira tiene un pequeño museo arqueológico y un templo dieciochesco, pero nadie elige esa ciudad para sus vacaciones por eso. Retomando el hilo inicial, habrá quien piense que al menos dos de mis amigos, Nero Wolfe y Lew Archer, difícilmente se plantearían cruzar el Atlántico para desplazarse a Europa -máxime teniendo en cuenta que habían estado ocupado...

Una visita al volcán de La Palma

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  Es difícil meterse en la mente de un pirómano y saber por qué se queda boquiabierto contemplando las llamas, igual que tampoco sabemos la razón por la que alguna gente, digamos poco equilibrada, se deja influir por la contemplación de la luna llena. Pero no hace falta sufrir alteraciones para pasar por algo parecido -inofensivamente, eso sí- y atisbar un átomo de comprensión al observar con inevitable fascinación una erupción volcánica, hermosa a la par que amenazadora. Pasará lo mismo con un tsunami, digo yo, pero es más difícil de ver. Cuando, en septiembre de 2021, el Cumbre Vieja comenzó a vomitar fuego en La Palma todos nos sumimos en una curiosa combinación de horror y atracción; la primera por el efecto destructor que sufrían los vecinos, ante el cual resultaba inevitable una pulsión empática si se tienen entrañas; la segunda porque, reconozcámoslo, las imágenes de la lava discurriendo ladera abajo tenían y tienen una incuestionable belleza. Aparte, estaba el interés cien...