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Buscando al demonio Guayota en el Teide

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Guayota el Destructor , el demonio maligno que habitaba en las profundidades del infierno, bajo la majestuosa masa montañosa de Tenerife , salía periódicamente de su infernal guarida subterránea acompañado de una cohorte de demonios, todos adoptando la forma de siniestros perros negros,  para exigir a los guanches las correspondientes ofrendas con las que debían obsequiarle para aplacar su ira y evitar que, con prodigiosos poderes, actuara sobre las fuerzas de la naturaleza causando todo tipo de estragos: ríos desviados, vientos huracanados, lluvias torrenciales... Tal era la capacidad del malvado, aunque nada comparado con los estallidos de fuego y lava que provocaba haciéndolos brotar de la cumbre de Echeyde , dejando a su paso la muerte y la desolación. Guayota canificado Como se puede deducir cacofónicamente, Echeyde es el antiguo nombre que los aborígenes tinerfeños daban al Teide , el emblemático volcán que con sus 3.718 metros de altitud no sólo es el techo de ...

Un paseo por la Sierra del Sueve

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Asturias no es el lugar de España favorito para ir de playa y, por contra, sí uno de los más atractivos para la montaña . Lo irónico del caso es que se trata de uno de esos sitios privilegiados en los que, si se desea, se podría echar la mañana en la primera y la tarde en la segunda -o viceversa- sin ningún problema ni pérdida de tiempo. Ello es debido a que una y otra se encuentran muy cerca : en apenas un cuarto de hora, puede uno pasar de estar tumbado en la arena o bañándose en el Cantábrico a pasear por lo alto de una cumbre, rodeado por nubes bajas.  La cumbre del Pienzu con el mar abajo Vean si no las fotos, correspondientes al Pico Pienzu . Con 1.161 metros es la máxima altitud de la Sierra del Sueve , una cadena montañosa que discurre medio transversal a la costa por el litoral oriental asturiano, arrancando casi desde el nivel del mar de manera que constituye una auténtica atalaya asomada a las aguas. La separan de ella menos de cuatro kilómetros , así...

El monte Testaccio

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El carro pasa bajo la puerta que atravesaba la muralla y entra en el casco urbano de Roma . El camino por la Vía Ostiense que, como se deduce de su nombre, unía la capital del imperio con el puerto de Ostia , a donde arribaban las corbitas y otras naves onerarie de todas las provincias con sus cargamentos de productos para satisfacer la demanda de los dueños del mundo, había llevado su tiempo. Pero ni Lucio , el transportista, ni su viejo burro tienen prisa, especialmente en una época donde no existen los relojes y el concepto de horario es muy diferente al actual.  Además, la mercancía que lleva es lo suficientemente frágil como para no arriesgarse. Aunque la veintena de ánforas vayan bien protegidas por el acolchado natural que supone la paja entre cada una, Lucio no puede jugársela porque necesita los pocos denarios que suponen su venta; al fin y al cabo, patricios que puedan vivir de las rentas hay pocos y él no pertenece precisamente a esa casta de privilegiados. Avanza...