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El alquimístico nacimiento del whisky escocés

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  No se puede viajar a un sitio y permanecer al margen de los productos típicos; la gastronomía forma parte de la experiencia turística y si uno pisa Asturias tendrá que probar la sidra; si va a Francia, el champán; si es México el destino será el tequila lo que tocará y así sucesivamente. Hablo sólo de bebidas porque el caso que me ocupa hoy es Escocia , donde está claro que el protagonista es el whisky y si llevarse como souvenir un pack de botellines de diversos tipos es un clásico, raro será que, además, a un visitante no le ofrezcan visitar una destilería.  En mi caso, fue casi la primera experiencia escocesa que viví fuera de Edimburgo, en una parada que hice nada más dejar la capital. Fue una mañana de verano, gris y nubosa como casi siempre en Escocia, tras partir  en dirección norte y pasar ante Forth Bridge, un puente ferroviario que me hizo especial ilusión por ser donde Richard Hannay, el protagonista de Los 39 escalones , escapa de sus perseguidores. Se trat

El Museo de Falúas de Aranjuez

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  Cuando visité Aranjuez, hace ya tiempo, me llevé tres sorpresas. La primera fue que, durante la primera noche en el camping donde pernocté, un gato noctámbulo aprovechó las tinieblas para asaltar la bolsa de comida que había dejado fuera de la tienda de campaña y se dio un festín de queso y embutidos a mi costa ¡y sin dejar propina! La segunda, asombrarme de que el Palacio Real local poco o nada tenía que envidiar en belleza y espectacularidad a los de Madrid y Versalles, salvo en tamaño. Y la tercera, verdadero descubrimiento, tiene nombre propio, también vinculado a la monarquía: el Museo de Falúas Reales .  Este último forma parte del Real Sitio, cuyo origen se remonta a la estancia de Felipe el Hermoso en el palacio de los maestres de la Orden de Santiago pero que como residencia de la Corona debe su primera piedra a otro Felipe, el II, y a sus arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Posteriormente, las ampliaciones y reformas acometidas por sus sucesores, esp

La curiosa historia de Ordsall Hall y su espectacular cama isabelina

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Esta espectacular cama con dosel es inglesa y de época isabelina, por lo que se la considera la más antigua conservada de Inglaterra . Como indican las armas talladas en su madera, fue fabricada para la noche de bodas de Sir John Radclyffe con Lady Anne Asshawe en 1570.    Vista frontal (Nick Harrison) Radclyffe, nacido en Manchester en 1536, descendía de una ilustre familia que sirvió a los Plantagenet y él mismo fue un importante caballero de la corte isabelina, a pesar de tratarse de un ferviente católico. De hecho, era amigo de los Catesby, uno de cuyos miembros, Robert, sería el cerebro de la Conspiración de la Pólvora de 1605, el plan para restaurar el catolicismo haciendo volar el Parlamento con dinamita; la leyenda dice que Catesby y Guy Fawkes diseñaron los detalles de la operación precisamente en Ordsall Hall.  Tras el fracaso del atentado, Catesby se atrincheró en otra mansión, Holbech House, donde finalmente murió de un disparo. En cambio, la leyenda reza que Fawkes b

Parque Nacional Madidi; el rincón de la Amazonía en Bolivia

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Dentro del placer que supone viajar hay algunos inconvenientes, de los que quizá los menores sean el tener que madrugar atrozmente, curiosa ironía, y el caer enfermo. El primero es válido en cualquier sitio y se asume como un precio extra a pagar porque significa levantarse a horas intempestivas no para trabajar sino para divertirse. El segundo constituye una especie de peaje que, en mi caso, asumo casi como inevitable cuando voy a un país lejano y debo recurrir al tren o al avión, donde la ley de Murphy hace que siempre me toque compartir asiento con un griposo, tal como me pasó cuando fui a Bolivia y el pasajero de al lado apareció estornudando a los cuatro vientos, compartiendo amablemente sus virus conmigo. El Parque Nacional Madidi. Extensión y ubicación ( relcomlatinoamerica.net ) En otras palabras, aquel día en La Paz en que abandoné la calidez de la cama del hotel antes del amanecer para volar a la selva, arrastraba un fuerte catarro que combinaba un intempestivo dolor de cabe

El Cañón del Colca

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  A vista de satélite, el Cañón del Colca asemeja una gran herida en la piel de la tierra peruana, una brecha profunda causada por un arma blanca de dimensiones cósmicas que cicatriza por sus extremos pero se mantiene abierta en su parte central, esperando la costura de un hilo imposible. Pero si uno asume el papel de microbio y se adentra entre sus paredes, la percepción cambia, dulcificándose y pasando a ser una experiencia intensa que no resulta sólo de lo material sino también de lo sensitivo, de las emociones mismas. Cuando planeé el viaje a Perú tenía claro que no podía dejar pasar un sitio así por varios motivos. Primero, es conveniente alternar visitas a sitios arqueológicos con conocer otro tipo de lugares, como los naturales, aunque sólo sea por variar y no saturar la mente monotemáticamente en un país que rebosa ruinas y monumentos por los cuatro costados. Segundo, para llegar al valle del Colca es necesario ascender antes las alturas que flanquean sus bordes, oportunidad ú