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Tetralogía de Ocaña (y IV): la iglesia-convento de San José, tumba de Alonso de Ercilla

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  Cierro la tetralogía ocañasarra con un rincón de apariencia intrascendente, situado en la confluencia de las calles Mártires de Ocaña y Fernando Cadalso. Es un edificio del siglo XVII que, en principio, podría parecer no muy distinto a otros muchos que tachonan el plano de la localidad: aspecto macizo, severo, de piedra vista sin enlucir y casi carente de vanos para proteger la intimidad del interior. Porque se trata de la iglesia-convento de San José, lugar que, exagerando un poco -pero sólo un poco- resulta casi insólito en España, debido a que aún conserva los restos mortales de una de sus grandes figuras literarias del Siglo de Oro: Alonso de Ercilla y Zúñiga. España tiene la desalentadora costumbre de perder a sus cadáveres insignes, unas veces por culpa de los avatares histórico-bélicos -caso del Cid o Colón- y otras por simple dejadez o negligencia -como pasó con Lope de Vega o Cervantes-, sumando un montón de lamentables casos; ya lo expliqué sucintamente en otro artículo ti

Tetralogía de Ocaña (III): Restaurante Museo Tenería

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  Nueva entrada para hablar de Ocaña y, una vez más, en clave histórica; con ribetes gastronómicos, eso sí, porque la referencia para los interesados abarca ambos campos. Cuando el gusanillo empiece remover el estómago del visitante de este pueblo toledano, una recomendable opción será apaciguarlo en el Restaurante Museo Tenería, donde obtendrá la doble experiencia explicitada en su epígrafe: la culinaria y la museística, con la particularidad de que saldrá satisfecho de ambas con total seguridad. Y hablo con conocimiento de causa. Vayamos por partes. Tenería es una palabra sinónima de curtiduría, es decir, el taller donde se curten y trabajan las pieles. Debe su nombre al uso del tanino, un compuesto químico ácido que se aplicaba a dichas pieles para, al contacto con sus proteínas de colágeno, unirlas más estrechamente, incrementando su resistencia al calor, al agua y a la acción de los microbios para evitar su putrefacción y proporcionando color. En otras palabras, transformarlas en

Tetralogía de Ocaña (II): Lucrecia de León y la misteriosa cueva de Sopeña

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  En el artículo anterior sobre Ocaña , decía que uno de los personajes históricos más singulares de los muchos relacionados con esa villa toledana llevaba nombre de mujer. Lucrecia de León, se llamaba, y protagonizó un insólito episodio en el que participaron, de forma directa o indirecta, Juan de Herrera (arquitecto del Escorial), Antonio Pérez (secretario del Rey), don Rodrigo (el último monarca visigodo), la Inquisición, la Armada Invencible y el mismísimo Felipe II. Un cóctel bien cargado. Como se puede deducir, Lucrecia no llevó una vida acorde a su origen plebeyo sino en las altas esferas, pese a no tener sangre azul. Madrileña, nacida en 1567 como la mayor de cinco hermanos, era hija del representante de los comerciantes genoveses en la villa, lo que significa un estatus modesto, no pobre pero tampoco acomodado. Al igual que la mayoría de las chicas de su tiempo, no fue alfabetizada y su educación se redujo a la propia de su sexo, destinada a ocuparse de los asuntos domésticos.

Tetralogía de Ocaña (I)

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  Toledo es un destino turístico importante de esa España que no se circunscribe al tópico del sol y playa, siendo cierto que suele recibir bastante del astro rey... aun cuando, en mi visita, decidió hacer mutis por el foro y dejó el sitio a esos nubarrones densos que tan bien plasmó El Greco y que me supusieron exponerme tres jornadas a una inmisericorde cortina de agua. Digo jornadas, en plural, porque no me refiero sólo a la ciudad, sin duda un sitio que de por sí demanda varios días de visita, sino a casi toda la provincia, que está tachonada de pueblos a cual más pintoresco y bonito: desde el de resonancias literarias como El Toboso, a los de nombre divertido como Tembleque o Buenasbodas, pasando por otros de fa,miliar reverberación como Illescas, Talavera de la Reina, Yepes...  Y uno que descubrí recientemente fue Ocaña, del que sabía poco más que tres o cuatro datos: que alberga una prisión decimonónica, que en la localidad situó Lope de Vega un drama teatral ( Peribáñez y el c