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Dialéctica hegeliana del turismo rural (II)

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( Continuación del post anterior ) Al principio es divertido caminar sobre la nieve levantando las rodillas hasta el pecho, como esos caballos andaluces cuando bailan o los chinos desfilando. Pero unos minutos después empieza ser cansado y al cabo de media hora estás maldiciendo porque ya resbalaste varias veces, las dos últimas cayendo de plano sobre el blanco manto y calando la ropa no aislante que vistes. Menos mal que al menos tuviste la precaución de ponerte las gafas de sol o el efecto espejo del sol en la nieve te cegaría. Un reflejo que, de todas formas, no dura mucho: a mediodía empieza a llover , lo que pone fin a la excursión. Mejor dicho, pone fin al trayecto de ida, porque falta desandar lo andado para ponerse a salvo de lo que por momentos empieza a parecerse al Diluvio Universal. En esas circunstancias agradeces ver por fin la casa, aunque necesites otra hora para encender la lumbre. Y lo agradeces porque puedes quitarte esas ropas empapadas y ponerte unas secas...

Dialéctica hegeliana del turismo rural (I)

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Pasar un fin de semana en una casa rural está de moda. Es una forma de oxigenarse huyendo del caos de la vida urbana y entrando en contacto con la naturaleza. Al menos así suelen expresarse en los catálogos publicitarios. Pero se les olvidan pequeños detalles. Por ejemplo, si es invierno probablemente la casa esté helada y por más leña que le eches a la chimenea no habrá forma de que suba la temperatura... una vez haya pasado la hora reglamentaria que tardas en conseguir una pequeña brasa, claro, porque esas malditas pastillas encendedoras no encienden más que los ánimos. Así que cuando al fin aparece la diminuta llama, a cámara lenta y con música emocionante de fondo, tus amigos se abalanzan alrededor entre codazos, como los primitivos de En busca del fuego .   Sin embargo no entras en calor porque, entretanto, tu cuerpo ha descendido dos grados de temperatura. Obviamente, puedes acercarte más al fuego, chamuscando las pestañas y aspirando ese delicioso humo negro que tant...