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Mostrando las entradas etiquetadas como gastronomía

Mi dulce King Kong

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Más allá del ingente patrimonio arqueológico de Perú , más allá de ruinas incas y dibujos nazcas, de huacas y de momias milagrosamente conservadas, de balcones de madera tallada e iglesias virreinales, hay otro Perú por descubrir , un Perú que palidece quizá ante el brillo abrumador de lo anterior -que deslumbra al visitante eso es cierto-, pero al que si se puede hacer un hueco, por pequeño que sea, no defraudará. Es ese Perú folklórico y etnológico, el humano, el cotidiano, que proporciona un punto de vista diferente y actual, y en el que juega un papel importante la gastronomía ; no lo digo yo -que también- sino los expertos en el tema culinario. No soy muy de mirar esas clasificaciones sectoriales que elaboran ránkings y destacan a unos sobre otros, pero es cierto que de un tiempo a esta parte la cocina peruana resuena con nombre propio y ha sido capaz de colocarse en primera fila mundial. Siempre es una referencia y algo a tener en cuenta cuando uno aterriza en el país a...

Comer en Praga

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Uno de los principales problemas de visitar Praga por cuenta propia es intentar buscarse la vida con el endiablado idioma checo , que para un español resulta un galimatías parecido al klingon pero sin webs frikis a las que acudir en busca de traducción. Ello repercute inexorablemente en la praxis turística del visitante, especialmente en determinados momentos críticos, como cuando uno ha de intentar desentrañarlo (de pronunciarlo en voz alta ni hablamos) al tomar un autobús urbano o el Metro para cubrir una distancia larga porque no sabrá en ningún momento si ha dado con el número adecuado o aparecerá en Polonia, ni si tiene que pagar en el momento o en una taquilla o qué. Prazený sajr, pecitý kobzol, salse od tatara (queso frito, patatas asadas y salsa tártara) Pero no es ésa la mayor pega a la hora de manejarse con la lengua local porque siempre queda el recurso de tomar el coche de San Fernando y, si se está los días suficientes en la ciudad, repartir las visitas po...

Bandeja paisa

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Llegué a Medellín (Colombia) ya de noche, después de la odisea de viaje que supone salir de Asturias destino Madrid vía ferrocarril, embarcar en el avión con varias horas de retraso (Barajas siempre será Barajas), sobrevolar el Atlántico entretenido con películas de doblaje latino, aterrizar en Bogotá con el tiempo justo para tomar el enlace correspondiente, perderlo, aclararme con la pasmosidad y el caos del personal de tierra de la capital colombiana y esperar en una gran sala sin cobertura para el móvil, mientras fuera caía una tormenta eléctrica descomunal que obligó a retrasar también ese vuelo. Finalmente, cuando terminó aquella barahúnda de rayos, truenos y lluvia torrencial que hubiera hecho las delicias del doctor Frankenstein en la labor de dar vida a su criatura, conseguimos despegar para, por fin, poner el pie en Medellín. Algo que por momentos llegó a parecer una utopía, una suerte de vagar delirante en busca del mítico El Dorado, nunca mejor dicho tratándose de aquel...

De pintxos por Bilbao (redux)

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Tras la visita al Guggenheim del último post , permítanme que insista con Bilbao y el arte contemporáneo. Eso sí, esta vez no se trata de pintura, escultura, grabado, videoinstalaciones ni ninguna de las mil variedades plásticas posibles que puede ofrecer ese museo, sino de otra de textura muy diferente. Blanda. Comestible. Perecedera. Visualmente impactante. Me refiero a una de los símbolos gastronómicos que mayor fortuna han hecho en la ciudad de un tiempo a esta parte: los pintxos , esos bocados pequeños, generalmente asociados a un palillo que les da estabilidad (y nombre) y que hoy constituyen el atractivo principal de los bares a determinadas horas. Sinfonías cromáticas, estallido en la boca de sabores diversos perfectamente armonizados, alardes de presentación, virtuosismo compositivo... los pinchos bilbaínos ya constituyen un atractivo turístico más de la ciudad, abandonando incluso la hora del vermut para adentrarse directa y plenamente en la de la comid...

De pintxos por Bilbao (III)

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Si además de pintxos también cuenta el entorno, no cabe duda de que el Irrintzi lleva ventaja. Se puede encontrar en una de las calles más tranquilas del casco viejo de Bilbao , Santa María, y según explican ellos mismos es frecuentado por bohemios, artistas y, últimamente, turistas que acuden a la llamada de lo supercool del lugar.  Y es que los dibujos que decoran la pared del fondo de la barra con temática marcadamente pop -aportación, al parecer, de sus propietarias actuales, Marian y Yolanda- parecen estar pensados para mantener al cliente entretenido analizándolos detalle a detalle mientras van cayendo, uno tras otro, los pintxos . Éstos, a su vez, pueden considerarse casi una prolongación de ese frontón artístico pues, no en vano, han sido descritos en distintos medios como pintxos de diseño, pintxo s-experimento e incluso pintxos abstractos. La carta de creaciones es muy amplia, no sé si porque la imaginación del cocinero/a es así de desbordante o porque se trat...

De pintxos por Bilbao (II)

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Otro repaso a los pintxos de Bilbao . En este caso la intención era cenar y recurrimos al Bitoque de Albia , en la calle Alameda Mazarredo. Se trata de un establecimiento donde hay menús del día, carta, copas, pintxos y música, configurándose como bar, restaurante y pub a la vez; ellos se definen como "gastrobar" . Es una creación del chef Darren Williamson , inglés de Manchester que, en compañía de la maitre Olatz López decidió fundar un sitio que revolucionara el concepto de pintxo . Así nació, en 2006, el Bitoque (ahora Bitoque Original ), ante cuyo éxito se sumó en 2009 el Bitoque de Albia . Desde entonces de han llevado varios premios gastronómicos, como el Campeón de Pintxos de Bilbao-Bizkaia 2008 , Mejor Barra Nacional o el Pintxo Vanguardista . Éste, por cierto, es  el de la foto superior: Bikini de rabo con sopa de pimientos asados y aire de cebolla. que se sirve en esa desenfadada lata de filetes de bacalao (por la ranura salía vapor). Cenamos a base d...

De pintxos por Bilbao

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Si uno acude a la Wikipedia buscando la palabra pincho encontrará que la definen como una ración de comida sujeta a una pequeña rebanada de pan con un palillo, de ahí el nombre. Este palillo no sólo serviría para sostener el conjunto sino para que después el camarero calculara la cuenta a cobrar contando el número de ellos dejado por los clientes. Porque, añaden, el pincho se diferencia de la tapa en que no se sirve gratis con la bebida. No obstante, quien visite el País Vasco podrá descubrir que los pintxos , como escriben allí, son algo más que eso. Se han convertido en una de las puntas de lanza -muy apropiada la metáfora- de la gastronomía local hasta el punto de que en algún foro -y hay montones de webs y blogs sobre el tema- los he visto descritos como obras culinarias en miniatura. Y es cierto: mezclas de sabores, colorido, varios ingredientes distintos y, en muchos casos, ausencia del palillo en cuestión o su sustitución por una cucharilla de loza. Son un ejemplo de cóm...