Las cacas de Tudela
| La Plaza de los Fueros, del siglo XVII, se usó para espectáculos taurinos hasta 1841. Al fondo se aprecian el quiosco de 1921 y la Casa del Reloj |
| Plano turístico de Tudela con sus principales atractivos |
Tudela es la segunda localidad de Navarra en población, pero, a falta de conocer muchas de ellas, me atrevería a decir que es la primera en cacas callejeras per capita. Un auténtico campo de repugnantes minas que hay que ir esquivando al pasear, so pena de que la suela del zapato termine envuelta en un pringoso rebozo fecal si uno no está debidamente atento a dónde pisa. No vendría mal que, para evitar una mala experiencia en ese sentido, el visitante invoque a Tutela, diosa romana protectora de lugares y personas, presunto origen toponímico del nombre de la ciudad.
| La catedral tardorrománica de Santa María deTudela |
| El portal catedralicio de la Virgen, tras un arco |
Porque es como si se ofrecieran incentivos para adornar las calles a base de ostentosas deposiciones: una plaza aquí, una avenida allá, un parque acullá... Que todos los rincones dispongan de su correspondiente ornamento fecal; arte efímero, performance escatológica. Así, el poderoso y espléndido patrimonio monumental tudelano -qué sufijo más apropiado tiene el gentilicio- queda opacado por esa catarata excretoria que perjudica, el desviarla, la mirada que debería centrarse en la catedral, iglesias, museos, palacios y mansiones. Incluso un punto tan céntrico como la elegante plaza de los Fueros me ofreció un icono marrón y brillante, a manera de bienvenida.
| Capilla de la Virgen de la Esperanza y sepulcro de Villaespesa (siglo XV) |
| La espectacular cúpula barroca de la capilla de Santa Ana (siglo XVIII) |
Si alguien desea contemplar una genuina mierda dejada por una persona aporcinada, supongo que en un momento de extrema e inevitable necesidad, sólo tiene que subir andando al cerro de Santa Bárbara, coronado por el monumento al Sagrado Corazón. Haciendo eslálom entre el cúmulo depositivo con que los gatos locales han tachonado el sendero peatonal de acceso y, acercándose a los recodos más apartados -ésos que se asoman al paisaje, idóneos para sacar buenas panorámicas fotográficas de la urbe pero también, visto lo visto, para aflojar los intestinos-, no tardará en encontrar algún buen ejemplar, cobijado recoletamente junto a un seto, que recompensará el esfuerzo de cualquier turista y dejará una huella imborrable en su recuerdo. Y en su calzado.
| El monumento al Sagrado Corazón que corona el cerro de Santa Bárbara |
En fin, pese a que aquella vez Tudela me pareciera una gliptoteca al aire libre con heces en lugar de estatuas, un tsunami excrementicio capaz de provocar en el visitante desazón y zozobra por ver frustadas sus expectativas turísticas, una gincana en la que aguzar los cinco sentidos para evitar pisar la plasta de turno que asalta al viandante cada pocos pasos; pese a ello, digo, ya he decidido concederle una segunda oportunidad y retornar en alguna ocasión con la esperanza de que haya pasado la ciclogénesis fecal y pueda disfrutar sin temor de los atractivos de la ciudad, que me consta que existen y no son pocos; empezando por sus vecinos, de proverbial y comprobada afabilidad, que son las primeras víctimas de lo expuesto (o depuesto).
Fotos: JAF
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