La capilla mudéjar de la iglesia cordobesa de San Bartolomé
Ya es un axioma personal que cualquier viaje que haga a Andalucía coincida con una meteorología adversa o peor, pésima y hasta demoníaca, más digna de esa siniestra Transilvania draculiana que tenemos arraigada en nuestra mente por culpa de las películas de Hollywood que de la imagen tópica y tópica de esa región que Góngora llamaba "flor de España" y Pemán "señora de tanta hidalguía". Tuve un frío casi nival en Granada y Sevilla , de igual modo que me tocó cargar conr paraguas en Málaga y Córdoba en dura pugna con el viento que intentaba desarbolarlo. Por supuesto, se me puede achacar que mis visitas suelen ser en invierno para regatear al implacable calor estival, que podría inlcuso ser peor, pero parece que no haya forma de encontrar un término medio. Eso sí, dicen que cuando una puerta se cierra otra se abre y, a veces, la lluvia se encarga de esa segunda labor, descubriéndote lugares que, de otro modo, quizá pasarían inadvertidos. Es lo que me pasó con la ca...